
Se le escapó como el agua entre los dedos, Miriam miró las escaleras de aquella casa en la que había estado tantas veces, atravesó sus paredes recargadas pero familiares, llegó a la pequeña habitación donde empezó a conocerla y se detuvo ante su puerta, segura de que se alegraría de verla, pero cuando iba a llamar la oyó dentro reírse como ella solía hacerlo, con ganas, echando la cabeza hacia atrás y con los ojos brillantes, la recordaba y la había escuchado tantas veces!, después una voz que no reconocía: .- sigue por favor, no te pares, me vuelves loca...!, un gemido, un grito y luego un sonido acompasado y familiar... volvió sobre sus pasos, dejó el pomo de la puerta y cerró en silencio. Dos lágrimas rodaron desde sus ojos buscando el surco de su boca y salpicando de sal sus labios. Entró en el coche, cerró la puerta y arrancó sin mirar, había salido pronto del trabajo para darle una sorpresa!
Ais, pobre! Qué hostias, aire, sale ganando ;o)
ResponderEliminar